Indulgencias para los adoradores eucarísticos

Haciendo el paralelismo con el pecado, se podría decir que saltarse el semáforo en rojo sería el equivalente a un pecado venial. Te has dado cuenta, ha sido un despiste y propones no volver a hacerlo nunca más, con un propósito firme de enmienda y de poner toda tu atención la próxima vez, porque sabes que si se repite, es muy probable que tengas un accidente serio. Si te pilla un guardia, te pone una multa, pero al fin y al cabo, no ha pasado nada realmente. No han habido consecuencias a terceros y la vida sigue igual.

Sin embargo, por negligencia, te lo vuelves a saltar y tienes un accidente en el que se destrozan varios vehículos y mueren incluso personas, quedando algunas lisiadas de por vida. Este hecho sería equivalente a un pecado mortal.
En el juicio por el incidente, has resultado culpable y te han caído 5 años de cárcel con multa de docenas de miles de euros. La confesión, en este caso, sería equivalente a un indulto TOTAL, con una anulación de antecedentes penales y devolución de TODOS los puntos del carnet de conducir.
Sin embargo, han quedado unas consecuencias de tu acto de por vida. Hay que resarcir a los afectados. Hay que indemnizar a los familiares de los difuntos, hay que reparar coches, la calle, la hospitalización, daños y perjuicios,... Por no hablar del trauma emocional que has sufrido.

Devolver esas indemnizaciones te puede costar toda una vida de trabajo. En cambio, si tienes un seguro, éste puede correr con los gastos originados del siniestro que has cometido pagando indemnizaciones a los afectados, pagando las reparaciones o comprando un coche nuevo en caso de siniestro total,... Si el seguro te paga sólo la multa que se te impone, sería una indulgencia parcial. Si corre con todos los gastos y sin franquicia, entonces, sería una indulgencia total.

Dicho en otras palabras más cercanas: Si en el momento en el que obtienes una indulgencia total, te murieras, irías directamente al cielo sin pasar por el pugatorio.

De acuerdo con el Echiridion Indulgentiarium, los adoradores eucarísticos lo tenemos muy fácil para ganar indulgencias, tanto plenarias como parciales, tanto para nosotros mismos como para nuestros difuntos.

Para ganar una indulgencia plenaria, tanto en año normal como en año santo, debes siempre cumplir los TRES REQUISITOS siguientes
  1. Hacer una confesión profunda. La confesión puede hacerse el mismo día que se quiere ganar la indulgencia o haberla hecho recientemente. Dígase la semana de antes.
  2. Tomar la Comunión preferiblemente en el mismo día en que quiera ganarse la indulgencia.
  3. Rezar un Padre Nuestro, una Ave María y un Gloria, y ofrecerlas por las intenciones del Papa.
Hay muchas formas de ganar una indulgencia, pero los adoradores, añadimos a toda esta lista algunas más. En un año NORMAL, debes cumplir con una, de las siguientes acciones:
  1. La visita de adoración al Santísimo de media hora por lo menos.
  2. A los que recitan el rosario en una iglesia, oratorio público, en familia, o en asociación piadosa.
  3. A los que leen la Sagrada Escritura por lo menos durante media hora.
Estas actividades se pueden hacer durante la hora de adoración El Echiridion Indulgentiarium, también dice que:
  1. Se concede indulgencia plenaria al fiel cristiano que en cualquier viernes del tiempo cuaresmal después de la comunión recite piadosamente, ante la imagen de Jesucristo Crucificado la oración ‘Oh mi amado y buen Jesús…’
  2. Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que pronuncie cualquier fórmula piadosa legítimamente aprobada: en la acción de gracias después de la comunión (por ejemplo, Alma de Cristo, Oh mi amado y buen Jesús).
 
Oración ‘Oh mi amado y buen Jesús’

Miradme, Oh mi amado y buen Jesús,
Postrado ante Vuestra santísima presencia.
Os ruego con el mayor fervor, que imprimáis en mi corazón
vivos sentimientos de Fe, Esperanza y Caridad;
Verdadero dolor de mis pecados, y propósito firmísimo de enmendarme;
Mientras que yo, con todo el amor, y toda la compasión de mi alma,
Voy considerando Vuestras Cinco Llagas;
Teniendo presente aquello que dijo de Vos el santa profeta, David:
“Han taladrado Mis manos y Mis pies, y se pueden contar todos Mis huesos”.
(Salmo 21: 17-18)

Versión en latín

En ego, o bone et dulcíssime Iesu,
ante conspéctum tuum génibus me provólvo,
ac máximo ánimi ardóre te oro atque obtéstor,
ut meum in cor vívidos fídei, spei et caritátis sensus,
atque veram peccatórum meórum paeniténtiam,
eáque emendándi firmíssimam voluntátem velis imprímere;
dum magno ánimi afféctu et dolóre tua
quinque vúlnera mecum ipse consídero ac mente contémplor,
illud prae óculis habens, quod iam in ore ponébat tuo David prophéta de te, o bone Iesu:
‘Fodérunt manus meas et pedes meos: dinumeravérunt ómnia ossa mea.’
 
Alma de Cristo

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén.

Versión en latín

Anima Christi, sanctifica me.
Corpus Christi, salve me.
Sanguis Christi, inebria me.
Aqua lateris Christi, lava me.
Passio Christi, conforta me.
O bone Iesu, exaudi me.
Intra tua vulnera absconde me.
Ne permittas me separari a te.
Ab hoste maligno defende me.
In hora mortis meae voca me.
Et iube me venire ad te,
ut cum Sanctis tuis laudem te
in saecula saeculorum.Amen.

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